Lo dejé todo atrás...todo.
Supongo que era lo correcto, era lo que debía ser, la vida sigue y no espera por nada ni nadie, así que supongo que tampoco esperaría por ti.
Te cogí de la mano y te forcé a entrar en este mundo, un mundo que no te llena, que te hace sentir miserable, donde sientes que todas las personas que lo deseen te puede usar, y, mientras tu lloras ante la confusión yo sonrío y disfruto.
Sin embargo, no sonrío ni disfruto al saber que lo pasas mal o al saber que te saqué de ese mundo tan cómodo, sonrío porque he decidido que esta sea ahora mi nueva felicidad y por lo tanto, la tuya.
Te cuesta aceptarlo pero con el tiempo lo comprenderás pero ¿sabes? Algún día alguien cogerá mi mano y nos arrastrará a otra etapa, otro tipo de felicidad y quizá y solo quizá añoraré esta etapa, incluso tú la añorarás.
No te preocupes, no reniego del pasado, y a veces me gusta abrir esa puerta, sentarme y disfrutar de lo que fui, de lo que fuimos.
¿Te acuerdas de la soledad? ¿Te acuerdas de las decenas de rechazos? ¿De los insultos? ¿De los problemas insignificantes que te parecían un mundo?
Te hice pasar de nivel a la fuerza, a veces me arrepiento de ello pero, ¿qué querías que hiciera?
Conocerte fue interesante y a veces frustrante, muchas veces, cuando pienso en todo lo que hiciste o dijiste me dan ganas de dejarte a solas en esa habitación y no abrir nunca jamás esa puerta.
Pero te echo de menos, tengo que volver de vez en cuando para poner los pies en la tierra, para frenar el ritmo para no crecer demasiado deprisa y retrasar el día en el que ese nuevo alguien me lleve.
No podemos volver a ser uno, sé cosas que tú no sabías, he hecho cosas que jamás habrías pensado hacer, estoy aquí, viviendo una vida aceptable para mi, pero...¿lo es para ti?
Sin saber porqué me cuestiono tu opinión, pero no tengo el coraje para preguntarte, porque no estoy preparada para escuchar un sincera respuesta, lo sabes, lo sabemos.
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